El viernes pasado tuve un accidente y me rompí el húmero derecho. Aunque al principio fue un shock, he decidido convertirlo en una oportunidad para crecer. Ahora estoy aprendiendo a escribir con la mano izquierda, un reto que, además de conectarme con mi mamá, también me permite desarrollar la neuroplasticidad, esa capacidad increíble que tiene el cerebro para adaptarse y crear nuevos caminos.
En este proceso, lo que más me emociona es sentir a quienes quiero, susurrarme: “soy tu hombro, soy tu sostén”. Su ternura me recuerda que no solo estoy descubriendo otras formas de moverme por la vida, sino también lo privilegiada que soy por disfrutar a pensión completa de personas que me cuidan tanto.

0 comentarios